De la misma forma en que se nos haría poco más que extraño ver a Santa Claus volando sobre las azoteas en un auto último modelo en lugar de su trineo tirado por renos, o vestido con camisa hawaiana en vez de su clásico traje rojo y afelpado, sería insólito verlo sin su característica barba larga y albina, distintivo sin el que definitivamente no lo reconoceríamos. Este rasgo particular tiene su explicación en la historia del personaje.

 
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Los personajes que dieron vida a Santa

Mito, tradición e historia se conjugan en el que es, sin duda, el ícono más difundido de la navidad en todo el mundo, una figura que a través de los tiempos tuvo distintos nombres, aunque – eso sí – siempre ostentó una prominente barba.

Y es que, sin que se sepa a ciencia cierta su origen, la tradición suele encarnar la figura de este personaje en San Nicolás de Mira, un obispo del siglo IV que vivió en lo que actualmente es Turquía y al que se le atribuyen varios milagros, siendo dos de ellos el resucitar a tres niños que cayeron de un árbol y socorrer a una familia pobre depositando por la chimenea monedas de oro, las cuales cayeron en unas medias que estaban colgadas en la parte de abajo para secarse.

Siendo este personaje parte de la tradición cristiana de Europa Oriental, es fácil de constatar que el santo portaba vello facial, como era costumbre entre los hombres de edad de aquella región y que hoy en día sigue siendo predominante en Medio Oriente. De hecho, las representaciones del clérigo lo muestran con una barba cana y espesa.

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Yendo un poco más atrás, algunos historiadores ven en Papá Noel la figura de Odín, rey de los dioses nórdicos que fue adaptado al catolicismo cuando el Imperio Romano adoptó esta religión que hizo oficial en todos sus pueblos conquistados.

La tupida barba blanca de esta deidad y el mito de que dejaba regalos en épocas navideñas en todas las casas, refuerzan esta teoría.

Por último – y ya en nuestra época – encontramos en la ilustración de Haddon Sundblom la imagen que actualmente tenemos todos de Santa Claus como un hombre regordete, bonachón y de barba larga.

 
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Sea cual sea el origen de este ícono, es innegable que su barba le aporta un toque de bondad, ternura y confianza que, en combinación con su eterna sonrisa, nos hace adoptar estos valores que están tan presentes en esta temporada y que debemos practicar todo el año.

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